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Papá cerebro.

AUTOR: MANUEL GARCÍA

 

Hola, un verdadero placer compartir nuevamente con ustedes el presente espacio de reflexión.

En esta oportunidad trataremos una de las funciones  esencial del Cerebro Emocional, con palabras sencillas, sin tanto rodeo describiré cómo funciona el cerebro en el contexto social.

El papel fundamental del cerebro en nuestra vida, específicamente el cerebro emocional, es el de mantenernos vivos el mayor tiempo posible, es decir, conservarnos sanos y salvo.

Nuestros cerebros en todo momento está escaneando nuestro mundo circundante, en la búsqueda de cualquier peligro o situación que amenace nuestra integridad, y dependiendo del escenario que nos encontremos  inmediatamente valora y ajusta nuestras emociones, así como nuestro cuerpo en respuesta a lo percibido.

Sí nuestro cerebro percibe alguna situación de peligro que nos pueda causar daño e incluso la muerte, ordena al cuerpo que se prepare para salir ileso de esa situación, es lo que se conoce como respuesta de lucha o huida, ¿Qué hace el cerebro emocional? Ordena  inmediatamente a la Glándula suprarrenal liberar la hormona del “estrés” el cortisol y la adrenalina, rápidamente nuestro organismo suspende aquellos procesos que no son necesarios, en ese momento, como lo son el proceso digestivo, y a su vez ordena que se acelera el ritmo cardiaco, aumenta la respiración, los músculos se ensanchan, la vista se torna más aguda, literalmente el cuerpo se prepara como un ejército para luchar o huir, ¿Alguna vez te has sentido así?

Es por ello que el título del presente artículo es Papá Cerebro, ya que nuestro cerebro actúan como un Papá, algunas nos veces protege y otras sobreprotege, y nosotros somos el hijo. Imaginemos un Papá, una mañana cualquiera,  con su hijo en el parque, el niño quiere subir en todos los juegos, quiere brincar, correr, escalar, pero su papá está pendiente de todos los posibles peligros que asechan al niño, evalúa si se puede caer del tobogán, si se puede golpear en los columpios, mientras el niño quiere jugar con todo, el papá valora cual representa un peligro y le prohíbe utilizarlo, impidiéndole que se haga daño.   

Pero no solamente nuestro cerebro emocional puede percibir situaciones difíciles que atenten contra nuestra vida, sino también situaciones que amenacen nuestra permanencia en la manada “La sociedad”,  previniendo situaciones donde podamos hacer el ridículo.

El cerebro emocional en su constante escaneo de nuestro mundo, también está pendiente de aquellas situaciones embarazosas, que en un momento determinado pudieran juzgarnos negativamente por nuestras acciones, es en estas situaciones donde nuestro cerebro guiará nuestras emociones y acciones para evitar crear problemas con la manada.

Imaginemos que el niño continúa en el parque divirtiéndose, con la implacable vigilancia de su papá “Cerebro”,  y realizan un llamado público para participar en un concurso de canto, el niño quiere participar, se entusiasma, brinca de alegría, pero el papá le impide que cante, con el temor que pudiera hacer el ridículo, convenciéndole con argumentos “válidos”, impidiéndole participar en el evento, él en definitiva es su papá y lo está “cuidando”, no quiere que le pase nada “malo” a su hijo.

Muchas de nuestras conductas como individuo son rasgos socializados que tienen su raíz en el instinto animal, cuando tenemos miedo a vivir una experiencia donde podamos  hacer el ridículo, se dispara en el cerebro emocional, una alarma ancestral, más específicamente en la amígdala cerebral, esa alarma se relaciona con el temor a ser expulsado de la manada, es un “temor irracional” en el  que creemos que la manada nos considera desechables, y allí lo ridículo es considerado como un defecto, un motivo para que la manada nos descarte.  

 

 

 

            La ecuación instintiva funciona así:

 

 

Exponerse = Ridículo = Expulsado de la manada = Muerte.

 

 

Por ello el simple hecho de hablar en público o bailar ante los demás puede ser experimentado como una especie de ejecución al estilo medieval en una plaza pública.

Debemos estar muy alertas, que si bien es cierto que nuestro cerebro está allí para protegernos, también es muy probable que nos sobreproteja, así como algunos papás sobreprotegen a sus hijos impidiéndoles probar diferentes experiencias en la vida. 

Es por ello que en muchas etapas de nuestra vida reaccionamos  de forma agresiva, pasiva o asertiva, siendo algunas racionales y otras irracionales, motivado a la protección del papá cerebro.  

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